¡¡Felipe vete ya!!

Ya sería hora que Felipe González y el resto de “dinosaurios” del PSOE desaparecieran de la escena política del país. Ha perdido ya en los últimos tiempos la escasa credibilidad que pudiera tener. Es hora de que el viejo “macho alfa” del socialismo español pase al retiro definitivo porque sus últimas actuaciones son lamentables.

No hay duda que Felipe y el “felipismo” tienen un espacio en la reciente historia de este país. No hay duda que cogió un partido inexistente, que había pasado cuarenta años, de su centenaria historia, de vacaciones, y lo llevó en la transición hasta el Gobierno del Estado. No cabe duda que la victoria socialista fue como una ventana de aire nuevo. Aire que después se vició  paulatinamente hasta su decadencia. No puede dudarse de la modernización que efectuó González del país, con aspectos positivos como la sanidad universal, el impulso a la educación pública, el establecimiento de una política fiscal o la entrada en la UE. Pero tampoco podemos olvidar los aspectos más oscuros como la desideologización del socialismo, su progresiva vinculación a los poderes fácticos económicos y financieros, actuaciones como la reconversión industrial, el enfrentamiento con los sindicatos, la LOAPA, la entrada en la OTAN, las privatizaciones, y aspectos más turbios como la corrupción (Guerra, Roldán) o la financiación ilegal (caso FILESA), hasta llegar al punto más negro como la guerra sucia de los GAL que llevaron a prisión al ministro Barrionuevo y al jefe de la seguridad del estado Vera.

Ya en aquellos tiempos González comenzó a cultivar “malas compañías” como el empresario venezolano Cisneros a quien le colocó la privatizada Preciados, que éste vendió después a un mayor precio a El Corte Inglés. De aquí y de su relación estrecha con el que fuera presidente venezolano de Acción Democrática, Carlos Andrés Pérez-CAP, viene su vinculación con América Latina y con las principales fortunas económicas de la región como Carlos Slim. No olvidemos que su amigo venezolano CAP fue el causante, con sus políticas neoliberales y corruptas, del “caracazo” de febrero y marzo de 1989, donde empleó contra las protestas populares armas de guerra que provocaron más de 300 muertos reconocidos oficialmente, que oficiosamente crecen hasta más de un millar, sin contar lo heridos. Estas eran y son las amistades de “compañero” Felipe González y que explican su oposición activa frente a los gobiernos chavistas.

Es evidente que la posición internacional de Felipe en relación a Venezuela es muy contradictoria con respecto a otros gobiernos como el de Arabia Saudita al cual no ha criticado en relación a las más de cien ejecuciones efectuadas recientemente contra opositores. Felipe ha callado y no sabemos si tiene que ver con la venta de su mansión tunecina a la familia real saudí. Como mínimo puede decirse que González tiene una doble o triple vara de medir a la hora de analizar la realidad internacional.

A su vez Felipe González es uno de los más celebres caso de “puertas giratorias” como consejero de Gas Natural. El “compañero” Felipe es hoy el “consejero” González, una muestra de sus travestismos hacia su enriquecimiento personal y su clara función de representante del interés del capital económico-financiero que domina nuestro país.

Por ello no debe asombrarnos que en la actual coyuntura Felipe coincida con  Aznar en convertirse en los demonizadores de cualquier posible acuerdo del PSOE con PODEMOS. Para los expresidentes y hoy consejeros de empresas del IBEX, los de Pablo Iglesias son peligrosos “chavistas” o “leninistas 3.0” que quieren acabar con la democracia española.

La historia de Felipe ha sido una historia ascendente desde representante político de un partido que decía defender a la clase trabajadora hasta su papel de defensor “áulico” de los intereses del poder establecido. En lo que siempre ha sido consecuente ha sido en su oposición a todo lo que significara deslizamiento hacia la izquierda dentro de su partido, liquidando a los defensores del marxismo hasta en las malas relaciones que siempre tuvo con la gente a su izquierda, fueran los sindicatos de clase fuera el PCE o ahora Podemos o Izquierda Unida, él es y ha sido desde su llegada al poder un fiel aliado del poder económico constituido. Y ahí sigue.

Es evidente lo que Felipe y el “felipismo” han significado y significan para el PSOE. Sus barones actuales, con raras excepciones, le rinden pleitesía y sus seguidores, los antiguos y los nuevos, consideran que el PSOE no debe salirse de la senda marcada, el social-liberalismo que ha reemplazado al pensamiento socialdemócrata tradicional. Pese a que al impedir su renovación los “felipistas” puedan sacrificar a corto o medio plazo al propio PSOE.

El espectáculo orquestado en el último mes por Felipe y su “alter ego” Cebrián es lo más parecido a un “aquelarre”, El primero con sus declaraciones hablando de gran coalición o de dejar gobernar a la derecha del PP con C´s; el segundo orientando editorialmente a “El País” en la misma dirección. La movilización de la comida de los “veteranos del antiguo PSOE” encabezados por Corcuera (el famoso ministro del Interior de la “patada en la puerta”) se acompaña con la continua campaña del diario de Cebrián que culmina con la entrevista a cuatro páginas al propio Felipe. Todo para tratar de encauzara al Comité Federal del PSOE a fin de sujetar al secretario general Pedro Sánchez. El único objetivo es impedir cualquier aventura a su izquierda y plantear la necesidad de abrirse al centro, es decir a lo que muchos sabemos que es  la derecha.

Felipe ha sido muy importante para el PSOE, lo ha llevado a su triunfo como partido, pero ¿este partido sin una profunda reconversión puede ser un referente en el futuro para la izquierda de este país? En la actual coyuntura, sin una profunda renovación ideológica que lo sitúe en posiciones de izquierda, en la línea que Corbyn ha planteado a los laboristas el PSOE lo tiene difícil, en especial para aguantar la embestida de ese aprendiz de González llamado Pablo Iglesias que pretende copiar el avance hacia el triunfo de su nueva formación emulando el populismo del PSOE del 1982 que lo llevó a la victoria electoral.

En definitiva para evitar nuevos espectáculos de vergüenza ajena: ¡ Felipe vete ya!

 

Origen: Manel García Biel – Diario digital Nueva Tribuna

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