Pedro Arrojo: hacia la Gran Coalición Vergonzante

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Albert Rivera (C’s), Pedro Sánchez (PSOE) y Mariano Rajoy (PP)

Pronto se explicitó el veto de quienes sólo quieren un cambio cosmético en el PSOE, pero no un cambio en las políticas sustantivas. Pedro Sánchez aguantó el primer pulso, pero tomó nota de la advertencia fundamental: el veto de esos grandes poderes a Podemos (Pedro Arrojo)

 

La situación política es sin duda tan compleja en su aritmética como apasionante en su evolución. Si sólo miramos la aritmética, no sólo no encontraremos soluciones, sino que no entenderemos las claves evolutivas de la encrucijada.

En este asolado país, en el que dictan las pretendidas soluciones quienes provocaron la crisis, y en el que acaban como delincuentes quienes impusieron ‘austeridad’ a los demás, no parece viable que el PP gobierne en un futuro inmediato. Por otro lado, Ciudadanos, la apresurada apuesta de los grandes poderes económicos del IBEX35 frente a Podemos, se desinfló en campaña. Y el PSOE, responsable, en su arranque, de la decidida apuesta por esa ‘austeridad’ de la troika, acabó obteniendo el peor resultado electoral de su historia, a pesar del cambio de imagen que supuso la no menos apresurada operación de Pedro Sánchez.

Podemos, tras un año sin precedentes en la historia de los países democráticos, aunque no consiguió por poco superar al PSOE y encabezar un Gobierno de Cambio, como pretendía, consiguió, junto a sus confluencias, esos 69 diputados y diputadas que han acabado con el status quo, PP-PSOE, que tan confortable resultaba para los grandes poderes económicos.

Por otro lado, las elecciones municipales y autonómicas, con las principales capitales gobernadas por las fuerzas del cambio, un nuevo escenario de poderes autonómicos y Podemos, con sus convergencias, como primera fuerza en Cataluña y Euskadi, más allá de sacar de quicio a la señora Aguirre, hicieron comprender a la nueva dirección del PSOE la insuficiencia de un mero cambio cosmético. El programa electoral socialista giró a la izquierda y se ‘podemizó’, como han dicho en reiteradas ocasiones poderosos exdirigentes y actuales dirigentes del partido.

En estas condiciones, y con los programas electorales sobre la mesa, una coalición PSOE-Podemos  no sólo resultaba y resulta coherente, sino que era y es ilusionante para quienes esperan y desean un cambio sustancial de la política en España, que revierta las desastrosas e injustas políticas de austeridad, acabe con las puertas giratorias, reforme el poder judicial para hacerlo realmente independiente, cambie la ley electoral para que el voto valga lo mismo se viva donde se viva, y permita recuperar la ilusión por la unidad de este hermoso país de países…

Ante esta posibilidad, pronto se explicitó el veto de quienes sólo quieren un cambio cosmético en el PSOE, pero no un cambio en las políticas sustantivas. Pedro Sánchez aguantó el primer pulso en el Comité Federal, pero al parecer tomó nota de la advertencia fundamental: el veto de esos grandes poderes a Podemos.

Por su parte, Podemos ha venido explicando que sólo hay dos coherencias viables: la Gran Coalición, PP-PSOE-Cs; o un Gobierno de Cambio, vertebrado por una coalición PSOE-Podemos. Desgraciadamente, Pedro Sánchez, desde una pretendida equidistancia, ha ido apostando, de facto, por la primera opción.

Empezó acordando con Ciudadanos la estrategia para la Mesa de la Cámara: Presidencia para Patxi López, a cambio del poder real de la Mesa para PP+Cs. Y la semana pasada, mientras se mantenía un diálogo formal con Podemos, IU y Compromís, se comprometía un acuerdo sustantivo con Ciudadanos, abierto al PP, tal y como explica Albert Rivera. Una estrategia en suma de Gran Coalición Vergonzante.

Esta estrategia, aunque tendrá un primer acto frustrado, probablemente ofrecerá otros capítulos en primavera. Rajoy y el PP sentirán la presión del IBEX 35 para que acepten lo inexorable: que deben retirarse y regenerar su maltrecha imagen antes de volver con posibilidades de gobernar. En ese contexto, la posibilidad de que el PP se abstenga ganará puntos; aunque, eso si, ejerciendo un control determinante sobre el Gobierno, gracias a sus 123 diputados. Tal vez una legislatura corta, y podrían volver, forzando nuevas elecciones… Pero también es posible que el orgullo de Rajoy aguante estos dos meses. En tal caso habrá nuevas elecciones y la gente decidirá…

Pedro Arrojo, diputado de Podemos por Zaragoza

 

Origen: El Ventano

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