¿Debe PODEMOS temer unas nuevas elecciones? La batalla por el relato en la guerra de posiciones electoral

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El largo camino que los diferentes actores políticos vienen recorriendo desde el 20-D hasta la fecha, basado en un escenario de negociaciones y enfrentamientos a diferentes bandas para alcanzar acuerdos que permitan la formación de un gobierno, se acerca a su final. En menos de un mes sabremos si finalmente existe un nuevo gobierno o, por el contrario, nos vemos abocados a la celebración de nuevas celebraciones. Los tiempos del espectáculo y el show táctico ya han pasado y ahora entramos de lleno en un escenario de resolución en el cual ya no vale con grandes movimientos vacíos destinados a no llegar a ninguna parte y toda acción, de cualquiera de los partidos en liza, será vista necesariamente como una toma de posición.

Objetivo: defender y estabilizar las posiciones alcanzadas tras todos estos meses de incertidumbre y movimientos. Los partidos medirán con lupa cada uno de sus nuevos pasos y  para lograr sus objetivos recurrirán, más que nunca, a las trincheras, haciendo uso de lo que se conoce como guerra de posiciones y estrategia de desgaste. L a idea central pasará ahora por blindar la posición propia frente al avance de las ajenas. Es decir, poner en valor la posición propia, con su correspondiente relato asociado, de cara a que tal posición le permita alcanzar la consecución de sus objetivos estratégicos. La confrontación principal será ahora una batalla por el relato y en ello contribuyen más que nadie los grandes medios de comunicación al servicio de unos u otros intereses políticos, económicos y electorales. Quien sea capaz de aguantar mejor la presión y lograr que su posición sea vista como la más acorde a lo que la sociedad espera en este momento de unos y otros partidos, tendrá mucho ganado.

Así, una vez constatado que la reunión con PSOE y Cs no aportaba nada nuevo a lo ya conocido, PODEMOS ha sido el primero en fijar posición clara para este escenario de resolución, dando las palabras a sus bases. Los grandes medios, y en especial El País y El Mundo, llevan semanas tratando de forzar a PODEMOS a que se abstenga y deje gobernar a Sánchez y Rivera, Pablo Iglesias se ha negado a ceder a estas presiones y ahora deberán ser las bases del partido las que respalden la posición de su Secretario General o, por el contrario, acepten la vía propuesta por esos grandes medios y, con la excusa de sacar al PP del gobierno, permitan un gobierno PSOE-Cs.

Uno de los argumentos que estos medios más han utilizado para presionar a PODEMOS, y a sus bases, ha sido ese que, respaldado en las encuestas publicadas por esos mismos medios, asegura que PODEMOS debe tener miedo a unas nuevas elecciones pues sus resultados serían mucho peores de los actuales. Pero, ¿debe realmente PODEMOS temer a esas hipotéticas nuevas elecciones? Veamos.

Guerra de posiciones y batalla por el relato

De aquí al 3 de mayo todos los partidos tratarán de hacer valer sus propios relatos para mostrarlos como ganadores en caso de nuevas elecciones y forzar así a que se alcance un acuerdo de gobierno acorde a sus propios planteamientos políticos e ideológicos en el momento actual, caso de que el adversario exprese algún tipo de temor a ser castigado si hubieran  nuevas elecciones. Las comparecencias de hoy en Rueda de Prensa, primero de Pablo Iglesias y después de los representantes de PSOE y Cs, han sido un claro ejemplo de ello. Fijar posición se ha hecho necesario ya y será desde tal posición que se ejerzan presiones a los otros partidos para forzarlos a que, finalmente, accedan a sumarse a cualquiera de las fórmulas propuestas para formar un gobierno o, caso contrario, ir a nuevas elecciones sobre la base de tal posición como eje central de las respectivas campañas.

Es cierto, no obstante, que esta batalla no es equitativa: a un lado las fuerzas del régimen con todo su arsenal mediático y demoscópico, al otro las fuerzas del cambio con el único respaldo de sus bases, su capacidad analítica y estratégica y, sobre todo, su capacidad para defender como bueno su propio relato en base a la relación establecida entre sus principios políticos y su toma de posición. Pero existe tal hartazgo ya con la incapacidad de unos y otros para alcanzar un acuerdo que todo lo que no sea hablar claro empieza a suponer un deporte de riesgo para quien pretenda seguir desarrollando su estrategia sobre esa base. Una batalla, por tanto, que nace viciada de origen pero abierta en su meta final y en la cual existen dos grandes factores determinantes que deben ser tenidos en cuenta: el marketing político y la capacidad de análisis estratégico de las posiciones.

Unir el agua y el aceite es imposible: PSOE-PODEMOS-Cs y los pactos posibles

En esa toma de posiciones PODEMOS ha apostado desde el principio por abrir brecha polarizando el debate en torno a la idea “cambio-continuidad”; “transformación vs inmovilismo”; escapando con ello de la trampa tirada desde el sistema para retomar el viejo eje “izquierda-derecha” sobre la base de la nueva formulación “centro-extremos”. Aunque tendiendo la mano hacia el espacio tradicional de la “izquierda”, se ha mantenido firme en su posición como partido del cambio progresista que no está dispuesto a un gobierno del “más de  lo mismo” y no se ha dejado amedrentar por el discurso de la “pinza”, paradigma visible del nuevo  eje “centro-extremos”, que en vano el PSOE y sus medios afines han tratado de imponer en la agenda mediática. Consecuentemente, ha defendido la conformación de un gobierno junto al PSOE, IU y las confluencias sobre la base de tener capacidad real de poder incidir en ese gobierno y sus políticas y no aceptando en ningún caso dar un cheque en blanco al PSOE. Coherencia y principios han sido dos de las palabras más repetidas en su discurso.

Así ha sido exactamente esa la posición que el partido liderado por Pablo Iglesias ha mantenido en la mesa de negociaciones a tres de este pasado jueves junto a PSOE y Cs. PODEMOS ha obligado con ello, desde su coherencia y su apuesta programática con principios, a que sea el PSOE quien tenga que tomar una decisión muy clara: o explorar la posibilidad de un gobierno como el que propone PODEMOS o seguir aferrados al pacto “contranatura” con Cs.  Un decisión, por otro lado, que el PSOE ya parecería tener decidida de antemano y que en la citada reunión no ha hecho más que ratificar: “Todo acuerdo de investidura deberá contar con el Sí de Cs”, dijo Pedro Sánchez el otro día en su rueda de prensa. “O el PSOE cede o, aunque no es lo que queremos, tendremos que ir a nuevas elecciones”, respondió Iglesias al comentario previo de Sánchez pocas horas después.

Y justo eso ha sido lo que ha escenificado en la rueda de prensa de este viernes, una vez constatado que no había más margen para la negociación en esa mesa junto a Cs y PSOE. Cs ha sido claro al señalar que no quiere a PODEMOS en el gobierno y el PSOE lo ha sido igualmente al reafirmarse en su pacto con Cs por sobre las propuestas presentadas por PODEMOS. Si Sánchez prefiere, pues, a Cs antes que al programa de PODEMOS, allá él. Esa será su posición de cara a las elecciones. Es decir, si el PSOE no rectifica no podrá haber acuerdo con PODEMOS y, en consecuencia, salvo gran coalición -como proponen, con sus correspondientes matices, Cs y/o el propio PP-, iremos a nuevas elecciones. Con un PSOE abrazado a un pacto PSOE-Cs que deberá explicar.

¿Nuevas elecciones? El problema no sería el “qué”, sino el “porqué”

Tenemos entonces por delante tres semanas en que los partidos van a defender con uñas y dientes unas posiciones actuales que creen ganadoras. Todos los movimientos posibles irán en la línea de reforzar esas tendencias que ya tienen visos de inamovibles. No obstante habrá presiones para que, bien por miedo bien por interés concreto, haya movimientos hacia la conformación de un gobierno. Las encuestas que vamos conociendo estos días son una de las principales bazas con la que creen contar algunos para torcer el brazo del rival en favor de sus propios intereses. Los artículos de opinión y las editoriales de los grandes medios serán su voz. Y todo indica a que no será hasta las últimas 72 horas cuando podremos saber realmente si esas presiones surten algún efecto. Vamos a un escenario a lo “catalán”, de resolución de última hora y guerra de nervios y negociaciones agitadas, en el que puede haber tres resoluciones posibles: la gran coalición, el gobierno a la valenciana o la repetición de elecciones.

La situación es tan extremadamente volátil, de tal incertidumbre, que difícilmente podríamos atrevernos a hacer un pronóstico correcto sobre lo que podría pasar en caso de nuevas elecciones, como no podemos atrevernos a hacerlo sobre lo que puede pasar de aquí hasta el 3 mayo. Nunca antes en el estado español se ha dado una situación de este tipo a nivel de elecciones generales y eso hace todo un poco más complicado de predecir, si cabe. Lo cierto es que todos los partidos tienen razones para estar preocupados y todos, a su vez, pueden tener razones para encontrar elementos de optimismo ante tal situación inédita. En el fondo da la impresión de que a ninguno le pillaría por sorpresa y todos llevan desde el mismo 20-D con este escenario en su cabeza, pensando su estrategia desde entonces con un ojo puesto en las negociaciones posibles y el otro en las elecciones futuras a repetir. Normal, por otro lado, con los resultados que se dieron. No era sencillo cuadrar el círculo y todos los sabían. Por unas razones u otras todos los caminos posibles parecían cerrados desde el comienzo y además aquellos que podrían haber resultado más posibles (vía del 161 y gran coalición) tampoco han tenido una verdadera oportunidad, al menos hasta el momento.  Así quedó en evidencia tras las diferentes intervenciones de todos los grupos en el fallido debate de investidura y ha vuelto a quedar de manifiesto tras esta reunión a tres.

Llevamos pues casi cuatro meses en los que la campaña electoral no ha dejado nunca de estar presente y esto ha sido por igual para todos los partidos. Eso hace que el elemento “culpable” pierda fuerza. Si en un primer momento se pensó que aquel que fuera percibido por la sociedad como el culpable de que hubiera nuevas elecciones tendría un fuerte castigo electoral, lo cierto es que, llegado a este punto, lo serán todos o no lo será ninguno. Todos han formado parte del juego y todos han ayudado a complicar la resolución. No será tanto el “qué” sino el “porqué”, pues, lo que determine el castigo/premio electoral  que reciba el “quién”. Si no hay acuerdo será culpa de todos y aquel que sepa vender mejor su toma de posición en esta guerra de posiciones electoral, acompañada de su correspondiente relato, tendrá tres cuartos de campaña hecha.

PODEMOS y la fuerza de su “porqué” en el contexto de un tablero multijugador

Por tanto, que no se engañe nadie creyéndose sus propias mentiras: PODEMOS no va abstenerse para dejar que haya un gobierno PSOE-CS por aquello del temor a nuevas elecciones. Primero porque sus votantes no se lo perdonarían y sería demoledor para su futuro como partido (y así quedará plenamente visibilizado tras el resultado de la consulta interna planteada por la dirección). Segundo porque la coherencia y los principios de los que se han hecho gala en estos meses son incompatibles con una decisión así (y eso es precisamente lo que determinará el resultado en la consulta). Y tercero porque, además, ese supuesto temor a nuevas elecciones no tiene fundamento ninguno (por muchas encuestas-propaganda que saquen en El País o El Mundo al respecto). En caso de nuevas elecciones la posición de PODEMOS es sólida y sus poderosos adversarios bien lo saben, de ahí la tremenda campaña de ataques por tierra, mar y aire que viene sufriendo en las últimas semanas.

PODEMOS ha hecho concesiones que ningún otro partido estaría dispuesto a hacer y que son inéditas en el juego político español hasta la fecha (“sacrificar” a su líder en pos de un acuerdo de gobierno), se ha sentado a negociar incluso con Cs para tratar de avanzar en un acuerdo, ha sido coherente desde el primer momento con su programa y sus principios (y por ello ofreció un acuerdo de gobierno al PSOE que pusiera en valor los 5 millones obtenidos por ambas fuerzas con un gobierno proporcional), se ha negado a ceder ante las presiones del régimen para que apoyara un acuerdo del continuismo que es contrario a los que es PODEMOS y para lo que nació y, además, su principal adversario en esta disputa a corto plazo, el PSOE, se ha echado en brazos de un pacto con aquellos que en campaña electoral llamaban “la derecha”, traicionando así, una vez más, a quienes pusieron sus esperanzas en el PSOE para impulsar un cambio en favor de la gente que pase por cambiar las políticas del “pacto del 135” que se vienen desarrollando desde Mayo de 2010 en adelante, primero por el propio PSOE y después por el PP.

Por otro lado, ha puesto encima de la mesa la posibilidad de un gobierno de coalición viable que el PSOE no habría querido explorar (tal y como expresamente dijeron a los negociadores de PODEMOS en la reunión del jueves)  y ha estado dispuesto a arremangarse para hacerlo posible cediendo en políticas concretas que forman parte del ADN programático de PODEMOS. La imposibilidad de acuerdo con el PSOE se debe principalmente, pues, a la imposibilidad de cuadrar en un mismo espacio el programa de PODEMOS con el programa de Cs, habiendo el PSOE elegido por cuadrar su propio programa con el programa de Cs, lo que es lo mismo que aceptar que Garicano, Girauta, Villegas, Rivera y compañía han sido vistos como mejores socios por el PSOE que el programa de PODEMOS.  Y de fondo el debate que se evidencia como razón principal de esa imposibilidad de acuerdo es el que más interesa a PODEMOS de cara a su propia posición: la necesidad de democratizar la economía y ponerla al servicio de los intereses de la gente como principal eje del relato del “no acuerdo” PODEMOS-PSOE, con un PSOE entregado a un acuerdo con un partido de la derecha económica y sus imposiciones.

El PSOE habría tenido así que decidir, caso de que finalmente no rectifique su actual posición y haya que ir a nuevas elecciones, y habría decidido apostar por Cs en lugar de explorar la posibilidad de un gobierno progresista. El pacto PSOE-Cs habría sido en ese caso la clave para que no se pudiera avanzar en las negociaciones, por tanto, el culpable de que hayamos estado meses mareando la perdiz sin llegar a ninguna parte, con el PSOE empeñado en convertir en gobierno un pacto que ya fue rechazado por PODEMOS, y el resto de fuerzas políticas del cambio que podrían formar parte de ese gobierno, en del debate de investidura de principios de Marzo. Cuarenta días después de aquel rechazo PSOE y Cs han intentado volver a hacer posible lo que era claro que era imposible.

Si PODEMOS no es capaz de rentabilizar todo eso en una campaña electoral de “segunda vuelta” como la que se prevé en caso de que finalmente el PSOE no rectifique es que tal vez, entonces, la ventana de oportunidad a favor del cambio no es tan evidente como pareciera: muy mal debería hacer las cosas PODEMOS en campaña para no convertir todas estas posiciones y movimientos, propios y ajenos, en una campaña ganadora. Es, de hecho, un escenario ideal para que PODEMOS pueda hacer su campaña y salir victorioso del envite. Con la cuestión económica-programática como telón de fondo y el PSOE arrojado a los brazos de las políticas defendidas por Cs.

Si además Cs sigue empeñado en tratar de que el PP asuma todo o parte de ese acuerdo y eso haga posible un acuerdo a tres con el PP, la herida por la que sangra el PSOE desde Mayo de 2010 amenaza con poder convertirse en hemorragia grave. No en vano un editorial de El País, el mismo día que sacaba una de sus encuestas-propaganda, ya lo avisaba: en una campaña electoral como la que se puede dar de cara a estas nuevas elecciones la posición del “Gran Centro” lo tendría francamente complicado para aguantar respecto de la polarización ideológica que tanto PODEMOS como el PP pondrían encima de la mesa.

Si alguien debe tener miedo a nuevas elecciones no es precisamente PODEMOS

Sugerencia, en consecuencia, para la empresas demoscópicas que juegan con fuego para presionar: Ya pasó antes del 20D que por querer hinchar a Cs perjudicaron al PSOE desactivando la polarización PSOE-PP y, por tanto, el “voto útil” de izquierdas a favor del PSOE.  Cuidado con seguir creyendo que ustedes tienen la capacidad real de determinar el escenario de juego que se puede volver, otra vez, en su contra. Ya no estamos en un escenario a dos y sí en un escenario multijugador. Lo que antes valía ya no vale y lo que antes garantizaba mover el tablero hacia un determinado espacio, ya no es seguro que valga. Pensar la realidad de hoy en claves de hace una década es jugar mal. PODEMOS no va a ceder a los deseos de ciertos grupos mediáticos por más que se empeñen.

En un escenario bipartidista el marketing político –y de eso van las encuestas en la actualidad- es clave para ganar la batalla electoral. En un escenario a cuatro ya no lo es tanto. Es importante, pero no es clave. La clave es saber hacer una buena lectura del escenario global, tener en la cabeza todo el tablero de juego, las diferentes posiciones de cada actor del mismo y las posibles variantes de sus posiciones en base a las diferentes alternativas que tienen para próximos movimientos. O dicho de otro modo, en una batalla a dos el relato que construye el marketing político lo es todo, pero en una batalla a cuatro ese relato por sí mismo no es nada sino va acompañado a su vez de una buena lectura, multidimensional, del tablero global, de los movimientos dados y las diferentes variantes de movimientos posibles en adelante. PODEMOS es una fuerza que ha sabido leer esta nueva situación desde el principio y eso provoca que, con el paso de los meses, la partida vaya abriendo ventanas de oportunidad donde se generan importantes ventajas frente a las estrategias y movimientos tácticos de los adversarios. Aprovechar esos espacios no debería ser demasiado difícil en caso de nuevas elecciones.

¿Miedo, pues, a nuevas elecciones en PODEMOS? Ninguno. En este momento, tras lo sucedido esta última semana pasada y tras las fracasada reunión a tres PSOE-CS-PODEMOS, PODEMOS está perfectamente posicionado para  cualquiera de los escenarios posibles que se puedan dar en las últimas 72 horas. Hacer creer lo contrario desde algunos medios de comunicación de gran alcance, por más que se empeñen en repetirlo, es intentar tomarnos el pelo. Mal harán si piensan que PODEMOS va a ponerse de rodillas a golpe de encuesta o arrastrado a golpe de campaña mediática en su contra.  Eso es no conocernos… y no conocer el tablero multijugador en el que nos movemos actualmente. Recuerden: no nacimos para ser oposición, nacimos para gobernar. Y en esas estamos.

Así que tranquilidad en las bases de PODEMOS y a votar NO al acuerdo PSOE-Cs en la consulta sin miedo ninguno a lo que pueda venir. PODEMOS ya ha decidido su posición y es ahora al PSOE al que le toca decidir, en última instancia, si quiere un gobierno junto a PODEMOS, las confluencias, Compromís e IU, o, por el contrario, prefiere ir a nuevas elecciones en las que tenga que explicar a sus potenciales electores el acuerdo con Cs y su “porqué” para no aceptar la única vía posible, más allá de la gran coalición, que podía evitar tales elecciones.

Posición “Win-Win”, que se le llama en estrategia electoral y en técnicas de negociación. No lo duden.

 

Origen: Kaos en la red

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