La clase obrera inglesa le ha asestado un golpe a la oligarquía global

Wilhelm Langthaler, periodista alemán 

Las clases subalternas inglesas por abrumadora mayoría se han decidido por la salida de la UE neoliberal -un resultado excelente similar al del Oxi de los griegos del pasado verano contra la austeridad impuesta por la UE.

La campaña masiva de prensa de la élites, de la City de Londres, de las clases propietarias de ambos lados del Canal de la Mancha a favor de la permanencia no han podido cambiar nada.

Bajo el liderazgo de Reagan y Thatcher, en la década de 1980 el neoliberalismo, se impuso el neoliberalismo a partir del capitalismo anglosajón. Las elites de la Europa continental recogieron gustosamente la pelota y obligaron al entero continente a someterse a las nuevas reglas de juego.

La finalidad era la de revocar las conquistas sociales y democráticas que habían alcanzado su nivel más alto en los años setenta. Sirvieron institucionalmente a la denominada “reforma” el mercado único europeo y la burocracia supranacional como instrumentos principales de la permanente lucha de clases.

Pero ya basta. El discurso de la globalización ya no hace efecto. Crece la efervescencia en toda Europa. Las clases bajas y medias se niegan a aceptar el empeoramiento de sus condiciones de vida, especialmente desde la crisis económica mundial de 2008, mientras las clases altas se enriquecen cada vez más, mientras cínicamente declaran servir al bien común. (“Mientras vaya bien la economía, todo va bien”)

La mayoría se opone a una globalización desenfrenada. Exigen acabar finalmente con el dominio que ejercen las élites sobre el capital, los bienes y la fuerza de trabajo, sin disponer de controles democráticos (la verdadera constitución de la UE), exigen regulación.

Exigen volver a la cogestión política para neutralizar el imperativo de los mercados (tras el cual se oculta el dominio total de la oligarquía capitalista). Ese principio de soberanía popular, que hasta ahora no ha podido llevarse a la práctica porque el control de la economía permanecen en manos de una élite reducida, tiene, como demos organizado en Estado, por lo tanto necesidad de recuperar la soberanía nacional.

Constituye una señal que justamente en la tierra natal del neoliberalismo la mayoría vote contra el régimen concreto de ese neoliberalismo, la UE.

¿Brexit liderado por la derecha?

Aquí hay que dar la réplica, a la afirmación de que se trataría de una victoria del populismo de derechas, o que el movimiento progresivamente sería liderado por las derechas. Estas, verosímilmente, proseguirían con el neoliberalismo incluso bajo un modo reaccionario.

En primer término ha habido y hay también en Gran Bretaña una campaña de izquierdas contra la UE, que tiene profundas raíces que alcanzan a los sindicatos. Contra ella se ha decretado la censura informativa en los medios de comunicación, de tal modo que las protestas sociales y aún más las expresiones políticas de la izquierda alternativa nunca tiene ocasión de manifestarse. Existe una estrategia oligárquica para asimilar las protestas sociales a las derechas históricas.

En segundo término hay también en Gran Bretaña numerosos votantes del partido Laborista que votaron a favor del Brexit, no sólo el UKIP y los conservadores. El mismo Corbyn perteneció anteriormente a los euro-escépticos. Die Linke con su defensa de la UE y con ello del dominio de la oligarquía entrega a las derechas el movimiento social de masas.

Es cierto que que las clases dominantes británicas eran más escépticas que las de las todas las otras grandes potencias europeas frente a la centralización política supranacional. Estaban preocupados por el futuro del libre comercio y el neoliberalismo, cuyos campeones eran y son todavía, y por su historia imperial su incorporación subordinada a la burocracia de Bruselas estuvo siempre bajo sospecha. Ello no impide que las fuerzas decisivas de la élite británica acepten la UE como indispensable. El gran hermano del otro lado del Atlántico lo expresó clara y firmemente – Obama quería la permanencia de Gran Bretaña en la UE.

Resulta evidente que la salida de la UE no significa automáticamente un avance hacia la izquierda, ante todo por las dificultades que esto ofrece en Gran Bretaña. Pero afectó a las elites en Inglaterra como en el continente. Ello ofrece una gran ocasión que vale la pena aprovechar.

¿Racistas?

Los oponentes del Brexit quieren hacer creer que es una cuestión contra la inmigración. Tories y UKIP son naturalmente chovinistas y también racistas. Justamente están interesados en desviar las preocupaciones sociales contra un enemigo externo.

En el fondo yace sin embargo sin duda alguna la cuestión social. Es una actitud ciega de la izquierda próxima al régimen, considerar el deseo de limitar la inmigración como sólo motivada por el racismo. Regular de determinada forma el funcionamiento del mercado, incluido el mercado laboral (por lo tanto poner en cuestión el dominio total de las elites) se sitúa en el interés de los asalariados. Es una parte de la lucha contra la globalización, como cada lucha social y sindical para defender los acuerdos salariales y los convenios colectivos.

Los trabajadores no deben seguir a los puestos de trabajo sino que deben ser creados ahí donde viven. Eso se obtiene sólo con el fin de la globalización, del régimen de libre comercio a nivel mundial y su forma europea, el mercado único europeo. Significa concretamente para los europeos del Este en Gran Bretaña acabar con la marginalización de polacos, bálticos, balcánicos, etc..

Se puede luchar contra el chovinismo y el racismo nacional y cultural sólo si se defienden los intereses sociales de las clases baja y media contra la globalización. La exigencia de la limitación de la inmigración debe ser despojada de su condición de panacea, debe ser ajustada a la lucha general contra la globalización, contra el dominio oligárquico de las élites, contra el imperialismo. Sólo así puede transformarse en algo concreto el llamado a la solidaridad con los inmigrantes que ya se encuentran aquí.

¿La UE como proyecto de paz?

Difícilmente quede alguien todavía dispuesto a vender la idea de una “UE social”. La última línea de defensa es siempre el pretendido proyecto de paz – la UE como baluarte contra los antiguos nacionalismos.

Olvidada está la guerra de los Balcanes, de la que la UE fue responsable, donde Yugoslavia como integración multinacional combatió a Occidente y al nacionalismo.. O también la agresiva actitud frente a Rusia, provocando la guerra civil en Ucrania.. La expansión de la OTAN hacia el Este, en consonancia con los EE.UU, atizando la guerra y estimulando el nacionalismo.

La UE sigue globalmente con mayor o menor diferencia la política imperialista de los EE.UU, lo que constituiría en el saqueo económico en nombre del libre comercio o la intervención militar directa en Próximo Oriente o en África.

Pero incluso en la misma Europa existe el régimen del,euro, que empobrece sin piedad a los países del sur y produce oposición a lo largo de las fronteras nacionales. En efecto es la adhesión a la camisa de fuerza del euro lo que oculta el chovinismo y nacionalismo del Norte opulento y especialmente de Alemania. Del mismo modo como tras la globalización y el clintonianismo se oculta el nacionalismo estadounidense (el que con Bush se manifestara abiertamente).

Aceleración centrífuga

Gran Bretaña es un país central y es, sin duda, todavía lejano el momento en que una izquierda alternativa pueda asentarse. Aquí juega también un papel la contradicción con Escocia. Pues contra el Londres neoliberal se ha desarrollado un nacionalismo escocés de izquierdas, el que por su parte apuesta por la UE. Mecanismos similares pueden observarse en Cataluña y el País Vasco.

Por lo tanto lo que el Brexit en cada caso envía a las clases obreras y medias continentales es una señal política de que ni el euro ni la UE son irreversibles tal como establecen los tratados, los que Tsipras no se atrevió a romper.

Dentro de pocos días se votará en España y es de esperar que Podemos pueda poner todavía más en apuros a las élites. Hasta ahora el partido izquierdista de protesta no se ha planteado el problema del euro y de la UE. Por el contrario: Iglesias se ha situado junto a Tsipras. El voto obrero británico puede ser de ayuda para desarrollar un ala radical que prepare la ruptura con la oligarquía de la UE a favor de los intereses sociales y democráticos de la mayoría.

La UE ha dividido a Europa, social, cultural y nacionalmente, provoca la guerra (civil) y la dictadura, amenaza las conquistas remanentes que afectan a la desigualdad y que datan del siglo XIX.

Lo que necesitamos es la solidaridad de los pueblos (no sólo,europeos) y será sólo posible sobre la base de la autodeterminación y la soberanía nacionales, los primeros de todos los pueblos empobrecidos contra las élites centrales globales.

Europäische Lexit-Plattform

publicado en: http://www.euroexit.org/index.php/2016/06/25/europa-retten-eu-auflosen/

 

Visto en: SALIR DEL EURO

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