Una anciana de 82 años será desahuciada por un impago de 96 euros

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Concepción Aparicio, de 82 años, vive de alquiler en un cuarto de piso de la Barceloneta, de 30 metros cuadrados, en el número 24 de la calle de Vila Joiosa.

Reside allí desde 1972, en la cuarta planta, una quinta real. Pagaba 80 euros al mes: hace meses que ya no tiene contrato. Este lunes la iban a desahuciar por impago, un impago de 96 euros en dos años. Era el tercer intento.

Una negociación ardua entre la propiedad y una representación municipal del Ayuntamiento de Barcelona ha acabado en acuerdo para posponer el desalojo hasta el 17 de octubre, a lo más tardar. Se espera que para entonces, Aparicio tenga ya a su disposición un piso del Patronato Municipal de la Vivienda, en la cercana calle del Doctor Aiguader. Trámites pendientes retrasan su traslado.

Su caso sirve de ejemplo de una situación que se ha generalizado en los últimos años en el barrio marinero de Barcelona, epicentro del terremoto turístico que ha vivido la ciudad, vaciada de vecinos de siempre, que pagan rentas bajas, en aras de nuevos y pudientes clientes.

La finca de Vila Joiosa, 24 era de un de privado. El actual dueño del piso, según ha contado él mismo mientras esperaba junto a un cerrajero poder entrar en la vivienda, compró diez pisos de la finca, que, ha dicho, ha ido vendiendo. Hizo obras, según su versión. Según los vecinos, se limitó a pintar un poco la escalera.

Como fruto de esas obras, a Aparicio le subió el alquiler cuatro euros al mes. Ella dice que no le correspondía asumir ese coste porque no hubo tales obras.

En el primer año, la inquilina acumuló 48 euros de deuda. En el segundo, alcanzó los 96 euros. Y por esa deuda, el juez dictó su desahucio y dio por resuelto el contrato. Es decir, ya no es inquilina legalmente hablando.

En marzo, el dueño intentó desalojarla. En junio, otra vez, sin éxito. “Siempre dicen que está a punto de irse a otro piso”, se quejaba hoy el propietario, entre las miradas reprobatorias de los vecinos. A 100 metros, en el portal del número 24, unas 40 personas se habían concentrado para impedir el desalojo.

Un vecino se ha acercado al propietario para afearle que sea uno de tantos inversores que llegan a la Barceloneta, compran pisos con inquilinos de renta antigua y hacen lo posible para que estos se vayan para poner la vivienda en alquiler multiplicando el precio. Varios de los presentes denunciaban que así se ha acabado con comunidades que llevaban décadas allí.

“Solo con verte la cara ya sé que no eres del barrio. Mi familia vive aquí desde 1800”, le ha espetado el vecino al dueño. “Quieres el piso para hacer un piso turístico. Esto que haces tú; hace muchos años que se viene haciendo”.

El dueño, el cerrajero y sus representantes legales se han ido y Concepción Aparicio ha salido a saludar al balcón. Según ha explicado su casero, su intención, una vez la mujer se haya ido, es alquilar la vivienda por unos 700 u 800 euros.

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elperiodico

 

Origen:  elcomunista.net

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