Zoos: condenados por no ser humanos

  • Grupos antiespecistas reclaman un ocio que no implique el encierro de los demás animales.

Habitante de un zoo de México. Imagen por Tras los Muros. / Tras los Muros

El martes 26 de julio, una niña de siete años murió tras ser golpeada accidentalmente por una piedra arrojada por una elefanta en el zoológico de Rabat (Marruecos). El sábado 2 del mismo mes, se produjo la muerte de una trabajadora del parque Terra Natura de Benidorm (Alicante), atacada por uno de los tigres que permanecía allí encerrado. A finales de julio una mujer resultaba muerta y otra herida, embestidas por un tigre siberiano en el parque Badaling Wildlife World cerca de Beijing (China). También recordamos el caso del gorila Harambe, tiroteado por un guarda cuando un niño cayó hace unos meses al foso del zoo de Cincinnati (Ohio, Estados Unidos), o el de Arturo, oso polar que murió con 30 años en el zoológico de Mendoza (Argentina), donde este año han muerto más de 70 animales.

En el accidente de Rabat, al igual que en tantos otros casos, según la dirección del zoo no se infringió ningún protocolo de seguridad y en este parque, al igual que en tantos otros, las instalaciones habían sido construidas siguiendo todos los parámetros internacionales de seguridad. Entonces, ¿cuál es el problema? Existe un debate internacional desde hace años con respecto a los zoos y al encierro de animales. La prohibición de zoológicos en Costa Rica en 2014 (el mismo país ya prohibió en 2012 la caza comercial y ‘deportiva’), la reciente decisión de reconvertir el zoo de Buenos Aires en ecoparque, o la próxima transformación del zoológico de Villa Dolores (Montevideo) en parque público, son pruebas de que quizá nos hemos estado planteando la pregunta equivocada. Es posible que la cuestión no sea: ¿Son seguros los zoos para los humanos?, sino: ¿son adecuados los zoos para los animales que allí viven?

En palabras de Noemí Rodríguez, de la plataforma Infozoos, “por mucho que se quiera mascotizar a los animales salvajes, e incluso en muchas ocasiones narcotizarlos para que puedan ser tocados o fotografiados junto a los visitantes, siempre conservan su instinto de caza y de defensa. No es lógico culpar a los animales de ser lo que son y actuar como la naturaleza les ha hecho. Por este motivo existe una Ley de zoos, que implementa una Directiva Europea”. Sin embargo, la legislación es poco concreta, y deja la actuación y la seguridad “al buen entender del centro, que lógicamente debe ser controlado y autorizado por inspectores de las autonomías. Sin embargo, estos controles no siempre son lo efectivos que debieran…”.

Según la Asamblea Antiespecista de Madrid, los zoos no son ni seguros, ni adecuados para los animales que allí viven recluidos, ni para la conservación de sus especies. Tal y como declaró este colectivo a Diagonal, “en algunos zoos y acuarios las condiciones son mejores que en otros. Aún así, por mucho que pretendan cuidarles y satisfacer sus necesidades primarias, lo que hacen realmente es mantenerlos con vida todo el tiempo posible, mientras les resulte rentable. Debemos tener en cuenta que bajo estos negocios, hay individuos que tienen la misma capacidad de sentir que nosotros, que están siendo privados de su libertad sólo para satisfacer nuestras necesidades de ocio, que se podrían satisfacer de otros modos”.

Un reciente estudio científico ha demostrado que a los animales encerrados no sólo les afecta el clima o el tamaño de los recintos en los que permanecen, sino que hay otro motivo para el estrés en muchas especies: la pérdida e imposición de sus relaciones sociales. Así, durante el tiempo en el que viven en las instalaciones de los zoológicos, los animales padecen, como mínimo, carencias espaciales y también sociales. Como indican los miembros de la Asamblea Antiespecista, “hasta el 80% de los animales encerrados desarrolla algún signo de ‘zoocosis’, que es el nombre que se le da a cualquier tipo de manifestación de sufrimiento psicológico por parte de un animal no humano (balancearse compulsivamente, vagar en círculos, morder los barrotes). También es frecuente el desarrollo de enfermedades psicosomáticas causadas por el estrés, así como heridas y síntomas provocados por el encierro, el hacinamiento, los transportes, el cambio de clima, la calidad del agua en el caso de animales marinos y los ataques entre ellos/as (debidos en gran parte a problemas territoriales por la falta de espacio)”.

Habitante de un zoo de México. Imagen por Tras los Muros.
La inseguridad que viven los animales no es accidental, sino inherente a la vida a la que han quedado relegados, lejos de su hábitat y de sus familias. Parece inevitable que el carácter puramente económico de este tipo de lugares de ocio se refleje en el modo de vida de los animales. Como declaran desde el mismo colectivo: “normalmente, los recintos están diseñados pensando más en el entretenimiento del público que en las necesidades de los animales. Por ejemplo, a los zoos les importa más que haya visibilidad, que el hecho de que tengan suficientes sombras para cobijarse. Además, es frecuente que, fuera de las horas de exhibición, los animales sean trasladados a jaulas más pequeñas, cerradas y con escasa o nula luz natural. En cualquier caso, por muy bien decorada que esté una jaula, nunca será su hábitat ni les permitirá desarrollarse como lo harían en la naturaleza”.

Hace unos días aparecía una noticia en El País: “Los animales también toman helados”. El diario contaba, a través de fotografías, cómo, en un zoológico de Valencia, se repartían alimentos dentro de bloques de hielo entre los animales que están allí encerrados para ayudarles así a combatir el calor. Nuevamente, surgen preguntas que debemos cuestionar. Ante la duda de cómo mejorar el bienestar de los animales -por ejemplo, haciendo que aguanten mejor el calor- quizá sería mejor preguntar: ¿qué hace un tigre de Bengala o un oso polar encerrado a 9.000 km de su hogar?

Una investigación de Igualdad Animal concluyó en 2011 que los zoos no son espacios adecuados para la vida animal. Tal y como mantienen desde esta asociación, que dedicó un año a realizar su investigación sobre los zoos en España: “Los zoos, al contrario de lo que mucha gente se imagina, son centros donde los animales sufren y padecen todo tipo de privaciones. A los animales en los zoos se les enjaula de por vida privándoles de la posibilidad de desarrollarse según sus intereses y necesidades. Apenas pueden relacionarse con otros animales de su misma especie. Muchos de ellos conviven al lado de sus propios depredadores o entre sus propios excrementos en un continuo estado de angustia. Nuestra investigación así lo ha constatado”.

En palabras de la Asamblea Antiespecista de Madrid: “los zoos son centros donde se encierra y explota a los animales con una única finalidad: conseguir dinero. Los zoológicos justifican el encierro diciendo que son necesarios para la conservación de las especies y apelan a la función didáctica”.

¿Qué nos enseñan los zoos?

El zoo es un lugar al que llevamos a niños y niñas, con la intención de mostrarles los animales en vivo. Pero, ¿qué se aprende en el zoo? Según Rosi Carro, portavoz de la Plataforma ZooXXI, “los zoos actuales no son didácticos, ni científicos, sino mercantilistas. Se agrupan en organizaciones internacionales como EAZA (Asociación europea de zoos y acuarios) que tienen en sus manuales de prácticas políticas de gestión como el culling (matar a animales sanos como forma de gestión de las poblaciones de animales). Los actuales zoos proceden de un error histórico, el imperialismo colonial en el que se traían plantas, animales e, incluso, personas de tierras desconocidas y se les encerraba para su exposición. El modelo actual, en el que el visitante ve a animales estresados, enfermos, con comportamientos estereotipados es, sobre todo, antieducativo y perpetúa este rol imperialista del ser humano sobre el animal”.

“No existe rigor científico en explicar a través del encierro cómo es la vida en libertad”
Tal y como lo plantea la Asamblea Antiespecista: “los zoos sólo muestran a los animales encerrados, fuera de su hábitat, donde no pueden desarrollar su comportamiento natural. No existe ningún rigor científico en explicar a través del encierro cómo es la vida en libertad. Además si los niños se acostumbran a ver así a los animales, su capacidad de empatizar se verá limitada. Los valores en los que sí educa el zoológico son, en todo caso, de opresión y sometimiento. Bajo el pretexto de enseñar a la infancia a respetar a la naturaleza, realmente se les enseña a dominarla, y a ver a otros individuos como meros objetos de estudio o entretenimiento, a poner el foco en lo que nos diferencia en lugar de en lo que nos iguala, sin valorar ni respetar sus intereses”.

Conservación y bienestar animal

El otro argumento para la pervivencia de los parques zoológicos suele estar relacionado con la ‘conservación’ de las especies y la naturaleza. Desde la Asamblea Antiespecista de Madrid, declaran que “además de ser perjudicial para cada uno de los individuos encerrados, la existencia de lugares como los zoos ha sido, históricamente, una fuente de perjuicio para la naturaleza. Las capturas en el medio salvaje y el tráfico de animales para la industria del entretenimiento han contribuido a arrasar especies y a destruir ecosistemas tanto terrestres como acuáticos”.

Los parques zoológicos suelen sostener que mantienen a las especies en peligro en cautividad para reintroducirlas cuando las causas de amenaza hayan desaparecido. Sin embargo, según el colectivo antiespecista, “no se pueden generar poblaciones sanas que garanticen la conservación, porque para poder generar una población saludable es necesario un conjunto de genes viable de un tamaño muy numeroso para evitar la debilidad de la especie. Además, la restauración de los hábitats no significa que las especies estarán a salvo, pues sigue existiendo la amenaza de la caza furtiva siempre que continúe la demanda de animales o de partes de sus cuerpos. Las especies amenazadas por la contaminación no podrían ser liberadas hasta que se finalice el uso de las sustancias nocivas (como los pesticidas). En el caso de que estos problemas pudieran ser solucionados, la reintroducción de las especies seguiría siendo muy difícil, pues dependen tanto de los humanos que los animales olvidan cómo cazar, criar a sus hijas, buscar alimentos… por lo que en la naturaleza sería muy difícil que sobrevivieran”.

Zoos: ¿renovarse o morir?

Una vez desnaturalizados por los zoos, la supervivencia en el hábitat natural de los animales que han estado encerrados se hace muy difícil, pero esto no justifica, según la Asamblea Antiespecista de Madrid, que deban seguir encerrados: “hay numerosos ejemplos de animales dependientes del ser humano que han podido adaptarse a la libertad. Si a los zoos realmente les interesase la liberación de los animales, centrarían todos sus fondos y sus esfuerzos en eso, en lugar de en mantenerlos en cautividad y hacer una ‘labor de conservación’ simbólica, aludiendo a una hipotética futura libertad”.

Sólo en el Zoo de Barcelona viven encerrados más de 2.000 animales de más de 300 especies diferentes (dato de ZOOXXI). En España hay, aproximadamente, 136 zoológicos (Infozoos, 2015). Según cifras de la web británica Animal Ethics, existen en todo el mundo unos 10.000 zoos de todo tipo, en los que habitan alrededor de un millón de animales vertebrados, visitados por 600 millones de personas al año. Las cifras nos muestran un problema de gran magnitud, en el que, en palabras de Infozoos “las Administraciones deberían implicarse y ayudar con la creación de centros públicos que acojan a estos animales que han sido utilizados en zoos, circos, tráfico ilegal, etc. ya que hasta el momento suelen ser ONG las que se hacen cargo de ellos”.

ZOOXXI es una propuesta para la reconversión de los zoos, que nace hace más de 8 años. Empezaron con carteles y pancartas de protesta en las puertas del Zoo de Barcelona, “informando a la ciudadanía del sufrimiento en el que vivían los animales allí encerrados. Luego nos dimos cuenta de que, en general, los zoos no se pueden cerrar porque no hay lugares para llevar a los animales. Realizamos numerosos estudios y vimos cómo los animales de la mayoría de zoos que cerraban, con suerte acababan en otros zoos, pero la mayoría acababan muertos. Queríamos dar una solución que no únicamente sirviera para el zoo de Barcelona, si no que ayudara a todos los animales que se encuentran encerrados en este tipo de instalaciones. Hablamos con personas del ámbito científico, de la ética, de la política, de la educación… Vimos cómo también existían inquietudes parecidas y de todo este trabajo salió la propuesta ZOOXXI”.

Los objetivos de ZOOXXI, en palabras de Rocío Carro, son “Reconvertir los zoológicos para que sean un espacio de utilidad para los animales y para el medio ambiente”. Desde ZOOXXI proponen gestionar el problema de los zoológicos mediante tres vías. En primer lugar: “traslados a santuarios y reservas, donde los animales puedan desarrollar su comportamiento natural y su personalidad, y que sea la sociedad la que vaya protagonizando la dinámica de traslados”. En segundo lugar: rescate y programas de reintroducción: “A corto plazo, en los zoos se mantendrá la presencia de los animales que no vayan a poder ser trasladados en un primer momento. Pero, a largo plazo, habrá especialmente fauna autóctona en programas de reintroducción, además de animales rescatados, heridos o procedentes de decomisos y maltratos”. La tercera vía sería la educación, “añadiendo a los zoos atracciones virtuales y con contenidos interactivos para dar a conocer a los animales tal y como son, comportándose de manera natural en sus hábitats”.

En otras ciudades del Estado también se protesta contra el encierro de animales. En Galicia, el grupo de trabajo Non VigoZoo publicó su manifiesto contra el zoo de Vigo basándose en la Declaración Universal de los Derechos del Animal (Londres, 1977), que alude al derecho que tienen todos los animales salvajes a vivir en su hábitat de forma libre, y que especifica que “toda privación de libertad, incluida aquella que tenga supuestos fines educativos”, contraviene dicho derecho.

“Todos los animales tenemos interés en vivir nuestra vida en libertad. Y esto hay que respetarlo”

En Madrid, la Asamblea Antiespecista y otros colectivos llevan años organizando acciones para mostrar su rechazo al encierro de animales. “La idea principal es la libertad. Estamos en contra de que se utilice a los demás animales y de que se les encierre. Todos los animales tenemos interés en vivir nuestra vida en libertad. Y esto hay que respetarlo”.

En las últimas manifestaciones que han organizado mostraban pancartas simbolizando a cada uno de los animales que están encerrados en el zoo. “Para nosotras es muy importante cada individuo que está ahí dentro, por eso queremos hablar de cada una/o concretamente con su nombre y su historia. Queremos que la gente se dé cuenta de que el encierro no es algo abstracto sino que hay personas concretas encerradas y esto se consigue hablando de ellas”. Tienen razones para el optimismo: “Creemos que la concienciación de las personas hacia el resto de los animales cada vez es más grande y eso se irá notando”. Todo indica que el cambio puede comenzar por modificar nuestras propias preguntas.

Habitante de un zoo de México. Imagen por Tras los Muros.

 

Origen: Periódico Diagonal

Anuncios
Galería | Esta entrada fue publicada en Actualidad, Vida Natural y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Zoos: condenados por no ser humanos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s